Con el escándalo que
enluta a la alta corte, se han empezado a ventilar un sinnúmero de rumores que
involucran a gran parte de los miembros de esta. Claro está, esto rumores
tienen como principal protagonista al magistrado Pretel, y su accionar entorno
a la investidura que le fue otorgada. Si bien reconocemos que el tema amerita
un debate serio que trasciendan las altas cúpulas de la política y se siente en
la mente de cada uno de los colombianos, cuestionandose ¿sobre qué bases construimos nuestro país?. El
tema que nos involucra en este momento y que nos remite a la coyuntura de
restitución de tierras son las acusaciones
entorno a Martha Ligia Patrón, esposa del magistrado Jorge Pretelt, en las
cuales se afirman que varios predios que aparecen registrados bajo su nombre
fueron despojados bajo el accionar violento de grupos paramilitares.
La corona, alto bonito y
dos bocas, son los tres predios de los cuales se tienen incertidumbre de su procedencia,
ya que según ha afirmado Reinaldo Villalba (Según él, expropietario de la
hacienda la corona), tuvo que vender esta propiedad bajo las amenazas
paramilitares, en una suma total de 14 millones de pesos. Lo que nos hace cuestionarnos
(en el caso de que estas acusaciones sean verdaderas), sobre qué bases
políticas y sociales estamos construyendo la paz. Qué sentido tiene proponer
soluciones que dignifiquen al individuo víctima y que busquen una reactivación
efectiva del campo, si las personas encargadas de proteger los derechos del
pueblo e impartir justicia, son las que detrás de un gran telón se han convertido
en el principal victimario, se han encargado de perpetuar las lógicas del
conflicto colombiano, en las que la tierra es simplemente un medio de
producción, de riqueza o de poder.
La restitución de
tierras, como ya lo habíamos afirmado nace como la solución alternativa al
desplazamiento y la sobrepoblación urbana, además de abarcar un sin número de
dimensiones sociales y humanas en las victimas y su dignificación. Reconociendo
lo anterior, posiblemente este proceso tome el valor significativo que en estos
momentos no tiene, y pase de estar en el papel a constituirse en una realidad
tangible ante el pueblo colombiano que se cumple a cabalidad. Si bien se ha ejecutado en cifras
del gobierno los objetivos propuestos hasta el momento, la restitución y sus
víctimas hacen referencia de números totalmente distintos a los que promulgan
los medios, cifras que permiten entrever un nuevo abandono del campo por parte
del estado colombiano.
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