jueves, 21 de mayo de 2015

Solución alternativa al desplazamiento

Con el escándalo que enluta a la alta corte, se han empezado a ventilar un sinnúmero de rumores que involucran a gran parte de los miembros de esta. Claro está, esto rumores tienen como principal protagonista al magistrado Pretel, y su accionar entorno a la investidura que le fue otorgada. Si bien reconocemos que el tema amerita un debate serio que trasciendan las altas cúpulas de la política y se siente en la mente de cada uno de los colombianos, cuestionandose  ¿sobre qué bases construimos nuestro país?. El tema que nos involucra en este momento y que nos remite a la coyuntura de restitución de  tierras son las acusaciones entorno a Martha Ligia Patrón, esposa del magistrado Jorge Pretelt, en las cuales se afirman que varios predios que aparecen registrados bajo su nombre fueron despojados bajo el accionar violento de grupos paramilitares.

La corona, alto bonito y dos bocas, son los tres predios de los cuales se tienen incertidumbre de su procedencia, ya que según ha afirmado Reinaldo Villalba (Según él, expropietario de la hacienda la corona), tuvo que vender esta propiedad bajo las amenazas paramilitares, en una suma total de 14 millones de pesos. Lo que nos hace cuestionarnos (en el caso de que estas acusaciones sean verdaderas), sobre qué bases políticas y sociales estamos construyendo la paz. Qué sentido tiene proponer soluciones que dignifiquen al individuo víctima y que busquen una reactivación efectiva del campo, si las personas encargadas de proteger los derechos del pueblo e impartir justicia, son las que detrás de un gran telón se han convertido en el principal victimario, se han encargado de perpetuar las lógicas del conflicto colombiano, en las que la tierra es simplemente un medio de producción, de riqueza o de poder.


La restitución de tierras, como ya lo habíamos afirmado nace como la solución alternativa al desplazamiento y la sobrepoblación urbana, además de abarcar un sin número de dimensiones sociales y humanas en las victimas y su dignificación. Reconociendo lo anterior, posiblemente este proceso tome el valor significativo que en estos momentos no tiene, y pase de estar en el papel a constituirse en una realidad tangible ante el pueblo colombiano que se cumple a  cabalidad. Si bien se ha ejecutado en cifras del gobierno los objetivos propuestos hasta el momento, la restitución y sus víctimas hacen referencia de números totalmente distintos a los que promulgan los medios, cifras que permiten entrever un nuevo abandono del campo por parte del estado colombiano.

 No solo es el caso de la Dra. Matha, sino que por el contrario, a lo largo de esta documentación coyuntural se ha podido encontrar un hilo general que se fundamenta en torno al descontento campesino por la manera como el proceso se está configurando. Ellos afirman que es imposible poseer 35 hectáreas y que luego les sean devueltas solo 3, la pregunta que nos surge a partir de eso es ¿Qué expectativas económicas puede crear un campesino con tan poco territorio para lograr ser competitivo en medio de las grandes multinacionales?, acaso de manera consiente se está generando en el territorio colombiano una nueva parcelación desigual del territorio que posiblemente tienda a perpetuar el conflicto armado. La restitución de tierras busca soluciones precarias que recurren a las lógicas latifundistas para las multinacionales. Aparentemente nuevamente el territorio se debe poner al servicio de las lógicas capitalistas para perpetuar las dinámicas de producción, pasando por encima del sentido de la tierra y las nociones sociales, políticas y culturales que el pueblo colombiano (con énfasis en la parte rural) a forjado. 

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