Constantemente
la población civil Colombiana ve el conflicto como un caso aislado de su
realidad, y se limitan a hacer cortos apuntes entorno a este a forma de
solidaridad con el otro. Cuando el gobierno nacional anuncia el inicio de conversaciones entorno a la paz
el pueblo colombiano lo celebra con la ilusión de que la vida social del país
se facilitaría en un futuro y las constantes confrontaciones, desplazamientos,
masacres, etc, desaparecerían con la firma de este.
Se
considera a las FARC y al ELN como los únicos causantes y protagonistas de la
vulneración de los derechos humanos en Colombia, sin saber que ellos
simplemente son unos de los cientos de personajes que intervienen en esta
historia. El conflicto armado es multicausal, se forja y alimenta desde distintos focos, tiene como
directos implicados de su causa a la población civil, al estado, la fuerza
pública, los grupos al margen de la ley, a la economía, a la inequidad, a la
cultura, la desigualdad y discriminación. La vida en la ciudad y su precario
ideal de progreso está condenando la vida en el campo, parece ahora que las
grandes urbes se sirven del desarrollo para intervenir el territorio del
agrícola y beneficiar a unos pocos.
Ahora
se puede comprobar que el sistema engulle o desplaza las partes que no le
construyen. El campesino no es visto como ese reactivador económico en tiempos
de crisis, sino como un ente que está ocupando un territorio con potencial para
ser explotado. Razón por la cual las grandes multinacionales en colaboración de
la fuerza pública y grupos al margen de la ley (no necesariamente FARC-EP o
ELN) logran obtener los territorios necesarios mediante amenazas que solo están
forjadas en la perpetua lógica del conflicto.
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