Colombia en un recorrido histórico ha
presentado un conflicto interno armado, que ha abarcado diferentes
problemáticas en torno al territorio. Hay que resaltar que las primeras
guerrillas fueron campesinas en defensa propia de sus territorialidades y así mismo en defensa
de la madre tierra, como oposición a la economía estatal, a las políticas de las
explotaciones, entre otras características. Esta última semana movimientos
tanto campesinos, como indígenas, se han levantado en oposición a
megaproyectos, pidiendo el respeto a sus comunidades, de la madre naturaleza y
a pedir devolución de sus territorios sagrados. Además de ser partícipes de la
construcción y las tareas que requieren los tratados de paz, que actualmente se
desarrollan en la habana. ¿Por qué? porque es una tarea de todos construir la
paz y aún más cuando se requiere establecer los derechos de los pueblos
originarios y las tierras campesinas, que en muchas ocasiones se han visto
vulnerados, tanto por las políticas económicas como por el desplazamiento
forzado, en convergencia con el conflicto armado.
En ese sentido es pertinente aclarar que
los tratados de paz no es solo terminar el enfrentamiento armado, sino que los
mismos deben comprender inherentemente toda una reestructuración económica,
política, de articulación entre organizaciones afros, campesinas, e indígenas.
Ya que lo que se intenta construir es la paz, ¿ la paz para quién? cuando se
pide equidad, derecho a los pueblos originario, respeto de los derechos y los
territorios campesinos, que como se ha nombrado anteriormente se ha visto estos
territorios afectados por políticas económicas, de proyectos, de usos
específicos del suelo a gran escala y de
igual forma por el desplazamiento que genera el conflicto, desarraigando
tradiciones, vidas completas que llegan a las ciudades a buscar una nueva
suerte ajena.
En ese panorama la Organización Nacional
Indígena de Colombia (ONIC), en sus 33
años de lucha y resistencia por los derechos de los Pueblos Indígenas, rechaza
de manera enfática la gravísima situación que se presenta desde hace tres días
en el Norte del Cauca. Se ha visto vulnerado los derechos y protección de los indígenas, por el ejército,
la policía y el ESMAD, reportándose más de 30 heridos, y así mismo evitando
además que a la zona llegará personal y vehículos médicos. Por lo que piden que
entre otras organizaciones se defienda de manera legal la situación, porque
dentro de las manifestaciones, que constitucionalmente son derecho se está
viendo violentada, no solo por interrumpirlas por la fuerza, sino por usar
armas violentas como represión.
En conclusión, qué clase de paz está
construyendo el Estado Colombiano, cuando al interior del país la violencia no
cesa y más aún son las mismas entidades
estatales quienes la propagan en vez de mitigarla. Se vuelve entonces a la
pregunta de la paz ¿La paz para quién? ¿Para los dirigentes de tal forma que
más países puedan firmar tratados de libre comercio y trasnacionales vengan a explotar
los territorios colombianos, mientras los pobladores se remiten a un círculo de
interminable pobreza, vulneración de derechos, falta de participación política
alternativa?
Se exige entonces al Estado Colombiano, no
solo fijarse en los tratados de paz, como si en el resto del país no se
estuvieran cometiendo impunidades, corrupción, atentados a los derechos humanos
que se ha de suponer que ellos defienden, poner activas la entidades tanto
nacionales como internacionales, para que realmente se dé una buena ejecución
de los derechos Colombianos y no sucedan
situaciones, como la que presenta este momento el Norte de cauca. Dejando así
mismo en manifiesto que en el Cauca se está defendiendo tanto la Madre Tierra, los derechos ancestrales, territoriales,
como los derechos individuales y
colectivos de los Pueblos Indígenas y en general de los movimientos sociales,
como parte indispensable del respirar paz, ser paz, construir paz.

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